//Irene Belmar, patrimonio y tradición

Irene Belmar, patrimonio y tradición

  • Cuando se habla que las cantoras populares rescatan la música tradicional chilena, también debe tenerse en cuenta que ellas por sí mismas, son parte también de esas tradiciones, ejemplo de ello es esta cantora sancarlina.

¿Cómo fueron sus primeros acercamientos a la música?

Desde pequeña que salía con mi abuelita a las trillas. Por ahí me fijaba en las cantoras y después, de vuelta en casa, yo llegaba vuelta loca, para ver si podía aprender a hacer lo mismo que ellas. Una vecina de ese tiempo, quien años más tarde se transformó en mi suegra, tenía una guitarra. Yo se la sacaba en las fiestas y me escondía, para ver si algo podía aprender.

¿Cómo fueron esos primeros años con la guitarra y las fiestas?

Yo he vivido toda la vida en el campo, camino a Trapiche. Las fiestas eran muy lindas, con la trilla a yegua. La gente venía a almorzar, ahí se cantaba y bailaba, y después se volvía al trabajo otra vez. Después apareció la trilla a máquina, pero cuando era a yegua y se terminaba la trilla, se hacía la parva con las cantoras.

Y con la guitarra, es lo que más me gusta, pero me costó mucho tener una propia. Cuando iba a las fiestas me prestaban una. En las celebraciones yo miraba y después intentaba afinarla, a ver si me daba o no. En la mente yo tenía lo que iba a tocar en las cuerdas. El que nace chicharra, muere cantando

¿Cuándo comenzó a cantar en las fiestas tradicionales?

A los 15 años, iba con mi papa y yo cantaba el bals, el corrido y las cuecas. Las fiestas han cambiado mucho, antiguamente cantábamos de amanecida y ahora terminas a las doce de la noche.

A mí me gusta el bals, le canto al amor y al desamor.

¿Se valoran las tradiciones y el trabajo de las cantoras?

Poco. Antes la gente valoraba muy poco a las cantoras, ahora un poquito más. A mí me gusta escuchar a las cantoras, desde las más viejitas a las más jóvenes.

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